¿Que belleza queremos mostrar?
- Belu Lobo
- Jun 17
- 3 min read
La transformación que necesita la moda y sus imágenes
El 22 de marzo de 2024, en múltiples partes del mundo, una misma rebelión se hizo escuchar: las calles se llenaron de voces, rostros y cuerpos diversos que reclamaban ser vistos. La Marcha Global por la Diversidad en la Moda reunió a miles de personas en Londres, Nueva York, Madrid, Milán, París y otras ciudades. La escena era vibrante: pancartas con consignas como “Mi belleza no tiene molde”, “La inclusión es mi derecho” o “Esa moda que excluye, nos excluye a todos.” Fue un movimiento que, sin duda, buscaba mucho más que cambios superficiales: era un llamado a repensar quiénes somos y qué reflejamos en la imagen que proyectamos como sociedad.
Pero, ¿realmente hemos avanzado desde esos años en los que las revistas de moda predominaban por sus modelos casi inhumanamente perfectos, con cuerpos estéticos y tonos de piel uniformes? La historia nos demuestra que, aunque algunos hitos marcaron un punto de inflexión, aún estamos lejos de una verdadera transformación. En 1997, la portada de Vogue Italia con modelos de diferentes razas y edades, fotografiada por Steven Meisel, fue una verdadera revolución visual. Sin embargo, esa innovación todavía era una excepción en medio de un mar de imágenes estereotipadas. La capacidad de la fotografía para desafiar esos estándares fue vital: una sola imagen puede tanto reforzar como destruir paradigmas. ¿Qué es más poderoso: una fotografía que excluye o una que invita a aceptar y celebrar?

La llegada de las redes sociales en la última década fue, sin duda, un catalizador. Desde Instagram y TikTok, las historias visuales de cuerpos diversos y rostros no convencionales comenzaron a circular con rapidez. La fotografía dejó de ser solo un producto de estudios y pasarelas para convertirse en un acto cotidiano, en una forma de resistencia. La fotógrafa Joice Ngalula, en 2018, capturó en Kinshasa a modelos con rasgos africanos y cuerpos diferentes en escenarios urbanos, desafiando los cánones occidentales y demostrando que la belleza existe en toda la variedad de rostros y cuerpos. Esas imágenes no solo reflejaban la realidad, sino que también la construían, invitando a cuestionar qué clase de mundo queremos construir.
La marcha de marzo también nos dejó en evidencia que, si bien los movimientos sociales impulsan cambios, aún queda mucho trabajo por hacer. La moda, esa industria que tanto dice celebrar la diversidad, todavía prefiere seleccionar modelos que parecen sacados de un molde digital:
los mismos rostros, las mismas tallas, las mismas historias. Pero esa visión estrecha, esa mirada limitada, está empezando a quebrarse. Como afirmó la activista y escritora bell hooks, “la verdadera transformación social requiere que ampliemos nuestras concepciones de belleza y que abramos los ojos a toda la pluralidad del mundo”. La fotografía, en esa lucha, se erige como un medio imprescindible: puede tanto reafirmar la exclusión, como desafiarla.
Y aquí está el dilema: ¿qué efectos tienen esas imágenes que aún predominan en nuestra cultura? ¿Nos seguimos dejando persuadir por un estándar que excluye más que incluye? La historia nos enseña que los cambios reales suceden cuando logramos confrontar nuestras propias percepciones, cuando se vuelven testimonios visuales de nuestras aspiraciones y miedos. La imagen de Amy, una joven trans que posó con orgullo en una sesión que rápidamente se viralizó, ejemplifica esa posibilidad. Su fotografía no solo fue un acto de valentía personal, sino también un espejo que refleja a toda una sociedad en proceso de cambio. ¿No es acaso la fotografía la herramienta más poderosa para abrir esos espejos y mostrarnos lo que realmente somos?
Desde mi perspectiva, creo firmemente que la belleza, en su forma más genuina, es esa diversidad que nos hace humanos, con todas nuestras imperfecciones y singularidades. Sin embargo, ¿cuántas veces aceptamos esa verdad en nuestro día a día? La moda y sus imágenes no solo reflejan quienes somos, sino que también moldean qué nos permitimos ser. La transformación puede ser lenta, pero la historia ha demostrado que es posible — que los muros de la exclusión se derriban con imágenes que muestran la realidad tal cual es, con todos sus matices.
Por eso, te pregunto: ¿qué historias estamos dispuestos a contar y a escuchar para que la belleza deje de ser solo un ideal inalcanzable y pase a ser un reconocimiento genuino de toda la humanidad? ¿Seremos capaces, como sociedad, de dejar de mirar solo con los ojos y comenzar a ver con el corazón ? Valorando en realidad toda la riqueza que la diversidad puede ofrecer?



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